jueves, 25 de octubre de 2007

Hong Kong

Ya que de momento no están las economías para un viajecito a Hong Kong, mirad que cosa mas curiosa. Se trata de un retoque fotográfico dinámico. Primero abrid el enlace que y después moved el ratón "arriba y abajo por la foto" http://61226.com/share/hk.swf

viernes, 14 de septiembre de 2007

LISBOA 6: SIMTRA, ALCOBAÇA

Siempre se ha dicho que “Sintra se siente y difícilmente se describe”. Sólo al verlo con tus propios ojos te puedes dar cuenta de la colosal belleza que tienes delante de ti. Por mucho que hayas leído u oído acerca de esta zona, es ahora cuando te explicas por qué la UNESCO declaró en su día Patrimonio de la Humanidad al escenario compuesto por Sintra y sus alrededores. Sin embargo, antes de que llegase el reconocimiento, Lord Byron, ya en el siglo XIX, definió a Simtra como una creación divina, como un glorioso edén. Las palabras del poeta inglés resonaron en toda Europa, aunque sólo hay que tener un poco de sentimiento para captar la belleza, la magia y el misterio que envuelven la Sierra de Simtra, densamente poblada por bosques y que, según dice la leyenda, fue morada de los viejos druidas.

Si os apetece visitar el increíble Palacio Da Pena, os conviene madrugar: por el calor, por las colas y porque hay un nº máximo de visitantes permitidos y eso de que los últimos serán los primeros… Se cuenta que durante una cacería en lo alto de la Sierra, Manuel I vio entrar en el Tajo la armada de Vasco de Gama y, como acción de gracias, mandó construir un convento para los jerónimos junto a la capilla mariana que ya existía. Con la invasión de los franceses en el siglo XIX el convento fue demolido, aunque resultó providencial la llegada del príncipe consorte Fernando de Saxe Coburgo-Gotha. Él fue quien ordenó edificar sobre las ruinas un palacio romántico. Hoy sigue como entonces maravillando a todo aquel que lo visita. Es una construcción con influencias egipcias, árabes, orientales, góticas, renacentistas... y mágicas. Parece que estamos inmersos en el castillo de un cuento de hadas. En los interiores, todo es riqueza, desde los muebles y porcelanas a las esculturas y pinturas que lo decoran. Es, en definitiva, la expresión suntuosa de un sueño.

Y tocaba marcharse. Niebla sobre el mar, enfilamos a Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa, hasta arriba de turistas y moteros. Y a comer, en Alcobaça. La verdad es que paramos por casualidad y al descartar Nazaret que supusimos imposible a la hora que era… Pues bien, Alcobaça es una localidad de poco más de 60 mil habitantes ubicada a 98 kilómetros al norte de Lisboa, en la confluencia de los ríos Alcoa y Baça. El atractivo más impresionante que alberga es el Monasterio de Santa María de Alcobaça que conserva los túmulos mortuorios del Rey Pedro y la Reina doña Inés, que se echaron a la espalda la máxima de amarse “hasta que la muerte los separe”.

La historia se remonta a los años 1340 cuando Portugal se encontraba envuelto en guerras y rencillas con el reino de Castilla y Aragón, y se acordó casar al primogénito portugués Pedro con la infanta Constancia de Aragón. La boda se realizó por poderes y sólo cuatro años después la flamante esposa llegó con su séquito a Portugal para consumar la unión. Cuando Pedro salió a recibirla, cayó rendido por la belleza, pero no de su esposa, sino de Inés, su dama de compañía. La joven de origen gallego pertenecía a una noble familia, y la llamaban “cuello de cisne”. Parece ser que todo aquel que la conocía la describía invariablemente como “un milagro de hermosura”.

Oh, el amor… Pedro e Inés se transformaron en amantes, se sucedieron intrigas palaciegas, se enteró la reina... pero Constancia murió al dar a luz a su segundo hijo. Pedro quiso legalizar entonces la unión con su amante que ya le había dado tres hijos y desobedeciendo a su padre que ya tenía otra candidata se casó en secreto con doña Inés. La feliz pareja se instaló en Coimbra, paseando su amor por los bellos jardines de la Quinta de las Lágrimas. Cuando el Rey Alfonso IV se enteró de la boda secreta, aprovechó un viaje de su hijo Pedro y mandó a ejecutar a Inés. Don Pedro amenazó vengarse por lo ocurrido y se alzó contra su padre. Dice la leyenda que durante las batallas se cubría el rostro con un paño negro para que nadie lo viera llorar por la bella Inés y a la muerte de su padre hizo detener y ejecutar a los verdugos de su amada y los torturó hasta la muerte. Exhumó el cadáver de su esposa, la vistió con las mejores galas y la coronó reina, obligando a la corte a hacer largas filas para besar la cadavérica mano de Inés. Consumada su venganza convocó a su asamblea gritando a los cuatro vientos que Inés era su esposa y la madre de sus hijos. Luego organizó para ella los funerales más fastuosos de que se tenga memoria en la corte portuguesa y dispuso su traslado desde Coimbra al Monasterio de Alcobaça. Como último tributo a su adorada mandó a construir dos tumbas que quedaran enfrentadas, de modo que al despertar en la eternidad y levantarse lo primero que verían sería el rostro del ser amado.

El Monasterio fue donado a la orden cisterciense en 1153, y actualmente está incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, que lo consideró el mayor templo de Portugal.


La vuelta se hizo un poco larga. Nos faltaba el fuelle del comienzo o se acumulaba el cansancio de los días… Del área de servicio donde cenamos unos bocatas, no tengo fotos…

lunes, 10 de septiembre de 2007

LISBOA 5: BELEM

Una de las maneras más fáciles de llegar a Belém desde el centro de la ciudad es con el tranvía número 15 que se puede coger en la Plaza da Figueira, en la Plaza del Comercio o, a partir de Cais do Sodré, en la Avenida 24 de Julho. Eso según las guías. Pero nosotros comimos en la Casa dos Bicos y allí pudimos coger un bus en la avenida que pasa paralela al río.

En Belém hay cuatro lugares turísticos de visita obligada: la Torre de Belém, el Monasterio de los Jerónimos, el Monumento a los Descubridores y la tienda de los Pasteles de Belém. El orden da igual, aunque siempre viene bien tener en cuenta que la pastelería es el lugar más cercano al centro y la Torre el más alejado, así que es buena idea empezar por uno u otro. Personalmente, los pasteles fueron una estupenda merienda después de patear para bajar el caldo verde y el bacalao…

Por cierto: el regreso fue en tranvía. El billete se coge en una maquinita DENTRO. La multa por no llevarlo: trescientas veces el importe.

Mil perdones por las fotos descolocadas: no manejo muy bien el imageloop y no soy capaz de cambiar la orientación… Estamos trabajando en ello!

jueves, 6 de septiembre de 2007

LISBOA 4: Chiado y Barrio Alto

Una vez recorrida la Baixa, es posible también dirigir nuestros pasos al Barrio Alto en lugar de a la zona del Castillo. Para subir a pie, lo mejor es tomar una empinada calle que sale desde el Rossio. Los que viven más tiempo en Lisboa o los más avispados sabrán que pueden librarse de la cuesta subiendo por las escaleras mecánicas o los ascensores de los Armazéns do Chiado (Nosotros a la segunda, aprendimos el atajo, pero la primera vez caímos como pardillos)

Una vez hecho el esfuerzo, se llega a la Plaza de Camoes, que es la principal de la zona. Desde allí se recomienda pasear tranquilamente por el barrio y disfrutar de alguno de sus cafés (2 cañas, 7.30 €). La foto de guiri total, con Pessoa

Desde la Plaza se llega también “muy fácilmente” a las callejuelas del Barrio Alto. La zona, en realidad, no vale mucho de día; pero es indispensable en la noche lisboeta. Cenamos la primera noche en “Taberna das Indias” y la segunda en “Caldo Verde” No os perdáis la visita nocturna a las ruinas del Convento do Carmo y al ascensor de Santa Justa. (y no, no lo hizo Eiffel!)

LISBOA 3: Baixa y Castillo de Sao Jorge

Es la ruta típica del turista que empieza a moverse por Lisboa. Comienza en la Plaza de Restauradores. En el lado derecho de la calle se puede ver la fachada modernista de la estación de ferrocarril y junto a ella la Plaza del Rossio, donde comienza la zona de la Baixa.

Desde allí os recomiendo pasear por la Rua Augusta. Después de llegar hasta la Plaza del Comercio y ver la vista del río y la plaza, podéis coger alguno de los buses o tranvías turísticos. Comparados con los de otras ciudades, no circulan continuamente (tendrás que consultar horarios y esperar bajo un sol de justicia) y son un poco caros.

El Castillo de Sao Jorge tiene algunas de las mejores vistas de Lisboa y está en un entorno muy tranquilo (si exceptuamos los turistas, claro está), así que es ideal para perderse un rato en la ciudad.

La ruta no es larga y aunque empinada, os recomiendo combinarla luego con un paseo por Alfama, una cerveza en las terrazas y acabar por el Chiado.


LISBOA 2


Hay que decir de Lisboa que se trata de una ciudad muy agradable para el turista.Tiene un tamaño y unos servicios que sin ser los de una ciudad inmensa, no tienen nada que envidiar a los de otras capitales europeas, una temperatura excelente, y miles de rincones que descubrir.
En esta breve reseña de lugares interesantes no vamos a entrar en grandes detalles históricos o arquitectónicos de Lisboa, sino que la intención es dar una idea rápida al visitante de qué zonas visitó a sapagueira y qué se va a encontrar en cada una de ellas. Así cada uno tendrá luego una base para ampliar lo que más le haya gustado.

Una de las primeras cosas que se puede decir de Lisboa es que el centro histórico no coincide con el centro económico actual de la ciudad. Los turistas que visitamos Lisboa, especialmente por pocos días, ni siquiera pisamos la parte con más movimiento de la capital, (bueno, si,.., en coche al irnos) pero es perfectamente prescindible. Eso sí, quien visite el centro histórico debe saber también que, aparte del ambiente vetusto y tradicional de las casas del centro, al norte de la Plaza de los Restauradores hay una Lisboa moderna y con vida.

Se puede decir que las plazas de Restauradores y Rossio marcan el límite de la zona antigua con respecto al resto de Lisboa. Desde Restauradores parte el eje de avenidas principales que recorre la ciudad de sur a norte y en el Rossio empieza la Rua Augusta, que es la calle principal de la Baixa y que finaliza con el arco que lleva a la Plaza del Comercio y al río.

El Rossio es una de las plazas principales de la ciudad y un punto muy frecuente de encuentro para quienes viven en Lisboa. Desde allí se accede fácilmente a la Baixa, al Barrio Alto y al Castillo.

La mejor manera de conocer la Baixa es pasear tranquilamente por sus calles, principalmente por Rua Augusta que, en sus apenas quinientos metros, es un punto comercial y turístico muy importante de la ciudad. Las tiendas más tradicionales han sido sustituidas en esta calle por establecimientos de las cadenas de moda más conocidas (léase Amancio Ortega) y puntos de venta de recuerdos, pero sigue conservando el carácter comercial. La anécdota la ponen, en bastantes ocasiones, los vendedores ambulantes que junto con mercancías más o menos convencionales como gafas de sol o baratijas ofrecen hachís en pleno centro de la ciudad para sorpresa de los turistas.

En una de las calles situadas a la derecha de la Rua Augusta está situado el elevador de Santa Justa, un ascensor tradicional de hierro forjado de finales del siglo XX que antes tenía como finalidad conectar la Baixa con el Barrio Alto de la ciudad, pero que hoy es una atracción turística más. Lisboa está lleno de miradores, así que tampoco uno se pierde nada si no sube.

Al final de la rua Augusta, al otro lado del llamativo arco de piedra, está situada la Plaza del Comercio, una preciosa plaza abierta al río Tajo, que es sede de varios ministerios y, en Nochevieja, el punto de reunión de los lisboetas.

Situados en la Plaza del Comercio y mirando hacia la Rua Augusta, tenemos a la izquierda la colina donde están el Chiado y el Barrio Alto y, a la derecha, la de la Catedral y el Castillo de San Jorge. De una a otra se puede acceder por el tranvía, que une las zonas más importantes del centro de Lisboa. Es un tranvía más pintoresco que cómodo y saturado de turistas.

Siguiendo por la calle de la línea del tranvía y siempre cuesta arriba, se llega hasta la catedral románica y, posteriormente, al Castillo de San Jorge, desde donde hay vistas preciosas de toda la ciudad. Si alguien tiene la oportunidad de visitar Lisboa en julio y coincide con el festival de la cerveza que se celebra allí, debe aprovechar la oportunidad para visitarlo. Es el único momento en el que el castillo se abre por la noche por obra y gracia del patrocinio de una empresa cervecera y se celebra una semana entera de conciertos. En Septiembre tenían un festival de teatro.

Entre el castillo y el río se encuentra el barrio de Alfama, de callejuelas pequeñas y casas pintorescas por el que se puede callejear un poco.

Volviendo a la Baixa y siguiendo la línea del tranvía en la otra dirección –o también subiendo desde la plaza del Rossio por una calle empinada- se llega a las zonas del Chiado y del Barrio Alto. El Chiado es, tradicionalmente, una de las zonas elegantes de la ciudad. Ha perdido parte de su papel como zona de élite, por excelencia, pero sigue teniendo un aire comercial y de cafés muy agradable. Precisamente, justo al llegar a la plaza de Luis de Camoes, está el café A Brasileira, uno de los más típicos de la ciudad, junto a una estatua del poeta Fernando Pessoa. En la zona se encuentran también las ruinas del Convento do Carmo, que hoy es museo arqueológico.

Más allá de la plaza de Luis de Camoes se extiende el Barrio Alto, una zona de calles estrechas, bares y restaurantes que por las noches es un hervidero de gente.

Alejadas ya del centro, hay otras zonas de Lisboa que merecen mucho la pena. Sin duda, Belem es la más turística de ellas. Allí se encuentran, junto al río y en apenas pocos cientos de metros, tres de los monumentos más representativos de la Ciudad: la Torre de Belem, el Monasterio de los Jerónimos –ejemplos los dos de arquitectura gótica manuelina típicamente portuguesa- y el Monumento a los Descubridores. Para quien esté interesado en la cultura, también podrá encontrar allí el mayor centro cultural de la ciudad, el Centro Cultural de Belem.

Es una zona monumental, muy agradable para dar un paseo. Con vistas interesantes de la orilla sur del río y del puente 25 de Abril y donde hay jardines y praderas para relajarse. Además, en la zona está una de las tiendas más típicas de Lisboa: la de los pasteles de Belem, unos pequeños bollos de nata de fabricación propia y receta patentada que se venden en un local de varios cientos de metros cuadrados. No recomiendo a nadie que se vaya de Lisboa sin probarlos.
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LISBOA 1


• Los portugueses son personas tranquilas y amables, y aunque a veces parece que todos hablan al mismo tiempo les gusta mucho la formalidad y la educación de sus interlocutores. Prueba a utilizar siempre palabras como “por favor” o “gracias”: obrigado. Parece extraño tener que decir esto, pero he visto demasiados turistas españoles en Lisboa comportándose peor que si estuvieran en el patio de su casa…

• Recuerda también que en Portugal no se habla tu idioma, por lo que nadie está obligado a entenderlo. Si pretendes que te entiendan en español en la tienda o que te hablen más despacio cuando te responden, prueba a tener paciencia. Los españoles tenemos imagen de arrogantes en Portugal y, desgraciadamente, muchos turistas ayudan a propagarla.

• Lleva calzado cómodo para caminar por las calles de Lisboa. Si quieres caminar por algunas zonas del centro histórico tendrás que subir agotadores cuestas, por lo que es recomendable ir cómodo. Absolutamente prohibidos los tacones. El adoquinado de Lisboa está hecho, como es tradición en Portugal, con piedras pequeñas, que son ideales para levantarse y para meter el tacón en los huecos entre piedra y piedra. Yo me dejé un tobillo entre las piedras del Castelo y eso que llevaba calzado plano

• Al ir a cenar a un restaurante, cuidado con los platos que hay o ponen sobre la mesa antes de comenzar la comida. Las entradas tipo queso, aceitunas, mantequilla o patés no son un regalo de la casa y se pagan. Error típico de los visitantes españoles. Pero puedes rechazar los “petiscos” y nadie te reñirá

• Se come y se cena mucho antes que en España. En la cena, hay restaurantes más flexibles; pero en la comida, si se espera mucho tiempo para sentarse a la mesa, puede que sea demasiado tarde. A partir de las dos ya resulta tarde para comer y hay muchos restaurantes que a las tres tienen la cocina cerrada.


• El mejor camino entre dos puntos no siempre es la línea recta. Que lo tengan en cuenta los turistas que quieran tomar atajos o seguir el camino del mapa más recto para ir al Castillo.