jueves, 6 de septiembre de 2007

LISBOA 2


Hay que decir de Lisboa que se trata de una ciudad muy agradable para el turista.Tiene un tamaño y unos servicios que sin ser los de una ciudad inmensa, no tienen nada que envidiar a los de otras capitales europeas, una temperatura excelente, y miles de rincones que descubrir.
En esta breve reseña de lugares interesantes no vamos a entrar en grandes detalles históricos o arquitectónicos de Lisboa, sino que la intención es dar una idea rápida al visitante de qué zonas visitó a sapagueira y qué se va a encontrar en cada una de ellas. Así cada uno tendrá luego una base para ampliar lo que más le haya gustado.

Una de las primeras cosas que se puede decir de Lisboa es que el centro histórico no coincide con el centro económico actual de la ciudad. Los turistas que visitamos Lisboa, especialmente por pocos días, ni siquiera pisamos la parte con más movimiento de la capital, (bueno, si,.., en coche al irnos) pero es perfectamente prescindible. Eso sí, quien visite el centro histórico debe saber también que, aparte del ambiente vetusto y tradicional de las casas del centro, al norte de la Plaza de los Restauradores hay una Lisboa moderna y con vida.

Se puede decir que las plazas de Restauradores y Rossio marcan el límite de la zona antigua con respecto al resto de Lisboa. Desde Restauradores parte el eje de avenidas principales que recorre la ciudad de sur a norte y en el Rossio empieza la Rua Augusta, que es la calle principal de la Baixa y que finaliza con el arco que lleva a la Plaza del Comercio y al río.

El Rossio es una de las plazas principales de la ciudad y un punto muy frecuente de encuentro para quienes viven en Lisboa. Desde allí se accede fácilmente a la Baixa, al Barrio Alto y al Castillo.

La mejor manera de conocer la Baixa es pasear tranquilamente por sus calles, principalmente por Rua Augusta que, en sus apenas quinientos metros, es un punto comercial y turístico muy importante de la ciudad. Las tiendas más tradicionales han sido sustituidas en esta calle por establecimientos de las cadenas de moda más conocidas (léase Amancio Ortega) y puntos de venta de recuerdos, pero sigue conservando el carácter comercial. La anécdota la ponen, en bastantes ocasiones, los vendedores ambulantes que junto con mercancías más o menos convencionales como gafas de sol o baratijas ofrecen hachís en pleno centro de la ciudad para sorpresa de los turistas.

En una de las calles situadas a la derecha de la Rua Augusta está situado el elevador de Santa Justa, un ascensor tradicional de hierro forjado de finales del siglo XX que antes tenía como finalidad conectar la Baixa con el Barrio Alto de la ciudad, pero que hoy es una atracción turística más. Lisboa está lleno de miradores, así que tampoco uno se pierde nada si no sube.

Al final de la rua Augusta, al otro lado del llamativo arco de piedra, está situada la Plaza del Comercio, una preciosa plaza abierta al río Tajo, que es sede de varios ministerios y, en Nochevieja, el punto de reunión de los lisboetas.

Situados en la Plaza del Comercio y mirando hacia la Rua Augusta, tenemos a la izquierda la colina donde están el Chiado y el Barrio Alto y, a la derecha, la de la Catedral y el Castillo de San Jorge. De una a otra se puede acceder por el tranvía, que une las zonas más importantes del centro de Lisboa. Es un tranvía más pintoresco que cómodo y saturado de turistas.

Siguiendo por la calle de la línea del tranvía y siempre cuesta arriba, se llega hasta la catedral románica y, posteriormente, al Castillo de San Jorge, desde donde hay vistas preciosas de toda la ciudad. Si alguien tiene la oportunidad de visitar Lisboa en julio y coincide con el festival de la cerveza que se celebra allí, debe aprovechar la oportunidad para visitarlo. Es el único momento en el que el castillo se abre por la noche por obra y gracia del patrocinio de una empresa cervecera y se celebra una semana entera de conciertos. En Septiembre tenían un festival de teatro.

Entre el castillo y el río se encuentra el barrio de Alfama, de callejuelas pequeñas y casas pintorescas por el que se puede callejear un poco.

Volviendo a la Baixa y siguiendo la línea del tranvía en la otra dirección –o también subiendo desde la plaza del Rossio por una calle empinada- se llega a las zonas del Chiado y del Barrio Alto. El Chiado es, tradicionalmente, una de las zonas elegantes de la ciudad. Ha perdido parte de su papel como zona de élite, por excelencia, pero sigue teniendo un aire comercial y de cafés muy agradable. Precisamente, justo al llegar a la plaza de Luis de Camoes, está el café A Brasileira, uno de los más típicos de la ciudad, junto a una estatua del poeta Fernando Pessoa. En la zona se encuentran también las ruinas del Convento do Carmo, que hoy es museo arqueológico.

Más allá de la plaza de Luis de Camoes se extiende el Barrio Alto, una zona de calles estrechas, bares y restaurantes que por las noches es un hervidero de gente.

Alejadas ya del centro, hay otras zonas de Lisboa que merecen mucho la pena. Sin duda, Belem es la más turística de ellas. Allí se encuentran, junto al río y en apenas pocos cientos de metros, tres de los monumentos más representativos de la Ciudad: la Torre de Belem, el Monasterio de los Jerónimos –ejemplos los dos de arquitectura gótica manuelina típicamente portuguesa- y el Monumento a los Descubridores. Para quien esté interesado en la cultura, también podrá encontrar allí el mayor centro cultural de la ciudad, el Centro Cultural de Belem.

Es una zona monumental, muy agradable para dar un paseo. Con vistas interesantes de la orilla sur del río y del puente 25 de Abril y donde hay jardines y praderas para relajarse. Además, en la zona está una de las tiendas más típicas de Lisboa: la de los pasteles de Belem, unos pequeños bollos de nata de fabricación propia y receta patentada que se venden en un local de varios cientos de metros cuadrados. No recomiendo a nadie que se vaya de Lisboa sin probarlos.
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